Lula (Part. 2)
Y así continua la historia de Lula….
Caminó con sigilo y observó todos los detalles de esa calle. Las farolas llenas de la condensación del agua, las diferentes casas, los coches… todo. Pero de todo lo que vio hubo algo que llamo su atención muchísimo, tanto que la hizo olvidarse de ese sueño tan interesante. En el edificio de departamentos de la esquina, en el balcón de uno de esos vio a un hombre fumando un cigarro, la luz y la distancia no ayudaron mucho, pero admiro la delicadeza con la que tomaba las bocanadas de humo y su ridícula gorra de panadero, se quedo embobada viéndolo, tanto que dejo de caminar, jamás había visto algo tan interesante, el hombre se dio cuenta de su única espectadora y grito – ¡Oye! ¡Tu! ¿Qué ves? – Lula bajo la mirada y acelero el paso hasta su pequeño departamento. Después de su rutina, se fue a la cama. El reloj sonó a las 8:30 a.m. y Lula se levanto sin trabajo alguno, en realidad ella despertaba muy temprano pero siempre se obligaba a seguir en la cama hasta esa hora porque no tenia ninguna rutina preparada para antes de las 8:30 a.m. Ese día abrió el closet y saco un vestido que tenia mucho sin usar, verde menta y de botones, con el largo de la falda a las rodillas y de mangas cortas, un vestido sencillo pero que nunca usaba mucho pues lo consideraba confeccionado para ocasiones especiales. Tomo el mismo abrigo y la misma bufanda y se fue al café. Cerca de la hora de la comida no dejaba de mirar el reloj, que parecía estar jugándole una broma pesada ya que avanzaba más lento de lo normal. Las 3:00 p.m., sintió que el corazón se le salía cuando vio entrar al hombre con la gorra de panadero al café, iba desaliñado y no parecía preocuparle, con una barba a medias y unas botas sucias pero que parecían en buen estado si les dabas una buena sacudida, justo como lo había soñado. Lula corrió a la maquina de espresso y no supo que hacer, así que corrió al cuarto de limpieza a respirar, jamás se había sentido así, porque estaba tan nerviosa ¿Porque le temblaban las rodillas y le sudaban las palmas? Trato de calmarse porque sabia que en cuestión de segundos escucharía el grito de… – ¡Lula sal de ahí y ven a ayudarme, hay mucho trabajo hoy! – El Señor Daboin le grito, ella salió sin hacer ruido alguno y sabía exactamente que tenia que hacer, la noche anterior lo había visto. El Señor Daboin le dijo – Ve a la mesa de aquel joven y llévale un… – macchiato Dijo Lula antes de que su jefe terminara la oración, los ojos se le abrieron como platos pero este se dio la media vuelta y se fue. Lula sabia perfectamente como hacer un macchiato en un par de minutos pero esta ves se tomo su tiempo, fingió no encontrar una taza adecuada pero después su actuación se vio truncada por otro grito del Señor Daboin – ¡Lula ahora! El joven esta esperando –Lula tomo la pequeña taza sobre el pequeño plato y la puso sobre la mesa sin mirar al hombre. Antes de que Lula pudiera dar media vuelta el hombre le dijo – Oye, tu eres la fisgona de ayer ¿Verdad? – Lula se puso aun más nerviosa pero contesto
-No se de que me habla – el hombre esbozo una sonrisa maliciosa y le dijo – Eres tu, la que ayer estaba en la calle viéndome, estoy seguro – Lula encogió los hombros y se fue. Todo el tiempo que el hombre estuvo ahí, la miraba a ella, a Lula; ella sabia que así seria pero era tan diferente sentir su mirada ahí mismo que en sus sueños. El hombre dejo el dinero en la mesa y se fue. Lula dejo el sentimiento de emoción y siguió con su trabajo esperando con ansias la hora de la salida, porque sabia que el estaría afuera, esperándola.
Lula
Ya tenia rato queriendo escribir alguna historia, algo corto… porque pues siento que tengo que contar las cosas que siento, por mas malas o mediocres que sean. Y bueno solo necesitaba un empujoncito, el maestro de imagen y Sonido me empujo y aqui esta la primera (de las que espero sean muchas) de mis historias cortas.
Se Titula “Lula”
Es un poco larga así que la pondré en partes
Esta es la primera parte
Lula era una joven menuda de ojos negros, trabajaba en le café de la esquina, parecía ser bastante tímida, sus vecinos e incluso su jefe en el café sabían poco de ella. Lula tenia la misma rutina todas las noches; a las 11:00 p.m. que el café cerraba ella limpiaba todas las mesas con el mismo trapo viejo y amarillento que guardaban en el cuarto de limpieza, después barría dentro y en la acera afuera del café, al terminar acomodaba todo, tomaba su gran abrigo morado y la bufanda llena de colores que tenia desde su cumpleaños numero 16. Caminaba hasta su pequeño apartamento que solo quedaba a dos cuadras del café. Llegaba a su casa con el olor de los granos de café que molía en la nariz y en todo su cuerpo. Se bañaba, cenaba y se dormía, pero Lula era diferente a todas las chicas que andaban por ahí, Lula era como era porque cada noche soñaba con el mañana, con el futuro, todo se venia a su mente claramente en sus sueños, las personas lo que sucedería, todo. Dejo de leer periódicos y ver noticias para nunca soñar con alguna tragedia, porque sabía que nunca haría nada y simplemente se sentiría responsable por las vidas de otros. Esa noche se despertó de golpe, el reloj marcaba las 2:42 a.m. empapada en sudor y con una expresión en su cara que ni ella misma podría haber reconocido si se hubiera visto en el espejo. Tomo su libreta de la mesa de noche y escribió:
Lunes, 14 de diciembre, de este año. Por la noche pero no se a que hora exactamente.
Caerá desde un tercer o cuarto piso y morirá.
Termino de escribir dejo el cuaderno en la mesa y con una gran sonrisa volvió a dormir.
Tenia mucho que no soñaba algo tan interesante desde aquella ves que soñó la terrible muerte del amado gato de la Señora Papennet, aplastado bajo las llantas del coche del señor Pardon por “accidente”, el gato era hermoso aunque Lula siempre había odiado a los felinos.
Ese día estuvo distraída, derramo el café tres veces y el Señor Daboin le grito por eso. Lula lo ignoro y siguió con su trabajo hasta las 11:00 p.m. que era hora de cerrar. Después de su rutina nocturna sintió algo raro y decidió arriesgarse un poco, tomo una ruta diferente a casa, una que sabia que la haría tardar 5 o 6 minutos mas en llegar pero se sentía aventurera, porque para Lula, siempre tan cuidadosa, desviarse de esa forma era una aventura…